La reputación de dominio es el historial que los proveedores de correo llevan de tu dominio: cómo se comporta la gente con lo que envías, cuánto te marcan como spam, cuántos rebotes generas. No es un número público ni único: cada proveedor lleva el suyo y no lo publica.
Enviar correo es un concurso de popularidad. Y tu dominio es el concursante: todo lo que pasa con lo que envías se le apunta a él.
Cuando un correo tuyo llega a Gmail o a Outlook, el filtro tiene que decidir en menos de un segundo si va a la bandeja, a spam o a ninguna parte. Y para decidirlo no lee tu mensaje: consulta tu historial.
Por eso dos correos idénticos, con el mismo asunto y el mismo contenido, acaban en sitios distintos según quién los mande. No es el texto: es el expediente que hay detrás.
Y hay algo que conviene tener claro desde el principio: no existe «tu reputación», existen varias. Gmail lleva su historial, Microsoft el suyo y Yahoo el suyo, con criterios distintos y sin ponerse de acuerdo. Por eso puedes llegar perfectamente a Gmail y estar en no deseados en Outlook. No es una contradicción ni un error de configuración: son expedientes distintos.
Son dos cosas y se confunden constantemente. Tu dominio es lo que va después de la arroba. El servidor es la máquina desde la que sale físicamente el correo, identificada por su dirección IP.
Entre el 80% y el 90% de lo que decide tu colocación viene de la reputación del dominio. La del servidor se lleva el 10-20% restante.
Y esa proporción no es igual en todos los proveedores. En Google, la reputación del servidor apenas influye salvo que estés en uno realmente malo. Microsoft, en cambio, la tiene bastante más en cuenta. Por eso puedes ir perfecto en Gmail y encontrarte problemas en Outlook enviando exactamente lo mismo.
La diferencia práctica es de quién es cada una:
| De dominio | De servidor | |
|---|---|---|
| De quién es | Tuya, siempre | De quien sea el dueño de la IP |
| Si envías por una plataforma | Sigue siendo tuya | Es de la plataforma, compartida con sus demás clientes |
| Se puede cambiar | Solo cambiando de dominio, que es empezar de cero | Sí, cambiando de proveedor o pidiendo IP dedicada |
Así que si envías por una plataforma con IP compartida, la reputación de dominio es la única que es tuya de verdad. Y es también la razón de que los proveedores le den cada vez más peso: la IP se cambia en una tarde y el dominio no.
Los proveedores no publican la fórmula, pero sí lo que miran. Ordenado por peso:
Fíjate en que la autenticación va la última. Es imprescindible —sin ella no juegas— pero tenerla perfecta no construye reputación por sí sola. Es el requisito de entrada, no la nota.
Como el compromiso es lo que más pesa, conviene saber exactamente qué cuenta:
| Suma | Resta |
|---|---|
| Abre el correo | No lo abre |
| Hace clic | No hace clic |
| Responde | No responde nunca |
| Lo reenvía | Lo borra sin leerlo |
| Lo archiva | Genera rebotes repetidos |
| Lo saca de spam | Lo deja en spam sin rescatarlo |
| Te añade a sus contactos | Te marca como spam |
Las dos últimas filas son las que más pesan en los dos sentidos. Que alguien te saque de la carpeta de spam o te añada a su agenda es la señal más fuerte a favor que existe. Y que te marque como spam, la más fuerte en contra.
Un dominio nuevo no tiene buena reputación. Tiene otra cosa: no tiene ninguna. Y no es lo mismo.
Cuando un proveedor recibe correo de un dominio del que no sabe nada, desconfía por defecto. No es un castigo: es que no tiene motivos para confiar. Por eso enviar diez mil correos el primer día desde un dominio recién registrado va mal, aunque la lista sea impecable y la autenticación perfecta.
Y luego está la asimetría, que es lo que más frustra:
Subir la reputación cuesta semanas de envíos consistentes. Hundirla cuesta una campaña mala.
Una sola tanda a una lista comprada, o a contactos que llevan tres años sin abrir nada, puede tumbar en dos días lo que costó dos meses levantar. Y el camino de vuelta no es más rápido por haber sido rápido el de ida.
Por eso, cuando alguien me dice que quiere recuperar la reputación en una semana, la respuesta honesta es que no se puede. Lo que sí se puede es dejar de empeorarla hoy y empezar a contar desde ahí.
Esto explica por qué dos clientes de la misma plataforma tienen resultados distintos.
Las plataformas serias no mandan todo el correo por el mismo sitio. Tienen varios grupos de servidores y te colocan en uno u otro según cómo te comportes. Lo hacen de dos maneras:
De ahí sale un círculo del que cuesta salir: enviar a contactos que no interactúan te coloca en los servidores malos, y estar en los servidores malos empeora la entrega de todo lo demás — también de los correos a quien sí te lee.
Y una cosa más, incómoda: con qué proveedor trabajas es responsabilidad tuya. Un buen servidor puede dejar de serlo, porque su reputación la construyen todos los que envían desde ahí. No controlas a los vecinos, pero sí eliges el edificio.
El caso extremo lo veo más de lo que debería: activar un servidor de correo antiguo, o el del propio hosting, para hacer envíos. Ese servidor no tiene historial. Y sin historial no eres un desconocido neutro: eres un sospechoso.
Circula mucho la idea de que enviando las campañas desde news.midominio.com aíslas la reputación y proteges el dominio principal.
Funciona a medias. Un subdominio construye su propio historial, sí, pero no parte de cero ni vive completamente aparte: los proveedores tienen en cuenta el dominio del que cuelga. Si el principal está quemado, el subdominio nace con esa sombra.
Sirve para separar tipos de envío —las facturas por un lado y las campañas por otro—, y así evitar que un problema en las campañas afecte al correo importante. No sirve para escapar de un historial malo.
No hay un sitio donde consultarla entera. Lo que hay son ventanas parciales:
| Dónde | Qué te enseña | Límite |
|---|---|---|
| Google Postmaster Tools | La reputación de tu dominio y de tus IP en Gmail, más la tasa de quejas | Solo Gmail. Y necesita volumen |
| La herramienta de remitentes de Microsoft | Datos de tus IP en Outlook y Hotmail | Solo IP, no dominio. Hay que pedir acceso |
| Verificadores de listas negras | Si tu dominio o tus IP están señalados | Estar limpio no significa tener buena reputación |
| Pruebas de colocación | Dónde cae tu correo de verdad en cada proveedor | Hay que hacerlas con cuentas nuevas |
De las cuatro, la que más se acerca a la verdad es la última, y es la que menos se hace. Ninguna herramienta te va a decir dónde acaba tu correo mejor que enviarlo y mirar dónde cae.
Con una condición: tiene que ser a cuentas sin historial contigo. Enviarte a tu propia dirección de siempre da un resultado bonito y falso, porque para tu proveedor tú ya eres un remitente conocido. Lo tienes explicado en la ficha de la carpeta de spam.
Directamente, solo la de Gmail, en Google Postmaster Tools, y necesita cierto volumen para mostrar datos. Microsoft tiene su propia herramienta para remitentes. No existe un panel que te dé una reputación única y universal, porque cada proveedor lleva la suya y no la publica.
La de dominio es tuya siempre, envíes por donde envíes, y pesa entre el 80% y el 90% de la decisión. La de IP pertenece a quien sea el dueño de esa dirección: si usas una plataforma con IP compartida, la compartes con sus demás clientes y no la controlas.
La esquiva, no la arregla. Empiezas de cero, que no es lo mismo que empezar bien: un dominio nuevo genera desconfianza por defecto y hay que calentarlo. Y si no cambias lo que provocó el problema —la lista, la forma de captar, la frecuencia— el dominio nuevo acaba igual que el viejo, solo que más tarde.
Semanas de envíos consistentes a contactos que interactúan, y depende de lo hundida que estuviera. No hay atajo: la reputación se construye con historial, y el historial necesita tiempo. Lo que sí es inmediato es dejar de empeorarla.
En parte. El subdominio construye su propio historial, pero no vive completamente aparte: los proveedores tienen en cuenta el dominio del que cuelga. Sirve para separar el correo importante de las campañas, no para escapar de un historial malo.
Lo primero no es cambiarlo ni empezar de cero. Es saber cuánto daño hay, en qué proveedor, y qué lo está causando — porque si eso sigue ahí, el dominio nuevo acabará igual.
Nuria Palomo, la Dra. Spam
Experta en entregabilidad de email y reputación de dominio desde 2019.