Un rebote es un correo que el servidor del destinatario no acepta y devuelve. Se dividen en dos: los hard bounce son rechazos definitivos —la dirección no existe— y los soft bounce son temporales —el buzón está lleno—. Los primeros hay que retirarlos de la lista; los segundos, vigilarlos.
Ojo con el nombre, porque en español lleva a confusión: la «tasa de rebote» del correo no tiene nada que ver con la de una web. En analítica web mide a quién entra en una página y se va sin hacer nada. Aquí mide correos que no se han podido entregar. Mismo nombre, cosas opuestas.
Si alguna vez has recibido un correo de MAILER-DAEMON o de Mail Delivery Subsystem y no sabías qué era, eso es un rebote.
No es una persona ni un virus: es el programa del servidor avisándote de que tu mensaje no ha llegado. Dentro trae el motivo, y casi siempre un código.
Un hard bounce es un no permanente. Reintentar no sirve: la respuesta va a ser la misma mañana y dentro de un mes.
Los motivos habituales:
En el mensaje devuelto verás un código que empieza por 5, como 550. Ese primer número es el que importa: en el lenguaje de SMTP, todo lo que empieza por 5 es un fallo permanente.
Un soft bounce es un ahora no. El servidor existe, la dirección probablemente también, pero en este momento no acepta el mensaje.
Aquí el código empieza por 4, como 451. Tu plataforma volverá a intentarlo durante unas horas o días antes de darse por vencida.
Y este es el matiz que cambia cómo se leen los informes.
No todos los hard bounce son direcciones muertas. Un bloqueo por reputación también llega como rechazo permanente, y tu plataforma lo cuenta igual: como hard bounce.
La diferencia es enorme. Si son direcciones inexistentes, tienes un problema de captación. Si son bloqueos, tienes un problema de reputación — y tus contactos están perfectamente vivos.
Y hay una consecuencia práctica desagradable: muchas plataformas retiran automáticamente a quien produce un hard bounce. Así que un bloqueo temporal de un proveedor grande puede hacer que pierdas contactos válidos de forma permanente, sin enterarte.
Por eso, cuando alguien me enseña una subida de rebotes, lo primero no es limpiar: es leer los mensajes y ver si dicen «no existe» o dicen «no te acepto». Son dos diagnósticos distintos con dos tratamientos distintos.
Enviar a direcciones que no existen es la señal más clara de que tu lista no está cuidada. Y los proveedores lo interpretan como lo que suele ser: alguien que compró una base de datos, que la tiene abandonada o que capta sin verificar.
El sector suele dar como referencia mantener los rebotes por debajo del 2%, y por debajo del 1% si la lista está sana. No es una cifra oficial de ningún proveedor: es la práctica habitual. Lo que sí es cierto es que una subida repentina hace más daño que un porcentaje estable.
Y hay algo que empeora la cuenta: un rebote no es lo único que puede pasar con un correo que no llega. Algunos servidores lo aceptan y luego lo descartan sin avisar. Ese correo no aparece como rebote en tu panel — aparece como entregado. Por eso una tasa de rebote baja no demuestra que estés llegando.
Hard bounce: fuera de la lista, salvo que el mensaje indique bloqueo en vez de dirección inexistente. En ese caso, revisar la reputación antes de borrar a nadie.
Soft bounce: dejar que la plataforma reintente. Si la misma dirección rebota blando de forma repetida durante semanas, se trata como muerta.
Y lo que evita casi todos: verificar las direcciones antes de que entren, no después de que rebote la campaña.
El hard bounce es un rechazo permanente —la dirección o el dominio no existen, o te han bloqueado— y su código empieza por 5. El soft bounce es temporal —buzón lleno, servidor caído, mensaje muy grande— y su código empieza por 4. El primero no se reintenta; el segundo sí.
Es el programa del servidor de correo que te avisa de que un mensaje tuyo no se ha podido entregar. No es una persona ni un virus. Dentro del mensaje viene el motivo del rechazo y un código que indica si el fallo es permanente o temporal.
Las que rebotan en duro por no existir, sí, y cuanto antes. Pero antes conviene leer el mensaje: un bloqueo por reputación también llega como rechazo permanente y esas direcciones sí existen. Borrarlas es perder contactos válidos y no resolver la causa.
La referencia habitual del sector es mantenerla por debajo del 2%, y por debajo del 1% en listas cuidadas. No es una cifra publicada por los proveedores. Y más que el porcentaje importa el movimiento: una subida repentina hace más daño que un nivel estable.
No, y comparten nombre por casualidad. En analítica web mide el porcentaje de visitas que entran en una página y se van sin interactuar. En correo mide los mensajes que no se han podido entregar. Son métricas distintas de cosas distintas.
Una subida repentina rara vez es cosa de la lista: suele ser un bloqueo. Y ahí borrar contactos empeora las cosas en lugar de arreglarlas. Lo primero es leer qué están diciendo esos rechazos.
Nuria Palomo, la Dra. Spam
Experta en entregabilidad de email y reputación de dominio desde 2019.