El VMC es el certificado que acredita que un logotipo está registrado como marca activa a nombre de quien envía. Es lo que permite mostrar ese logo junto a tus correos con BIMI y, en Gmail, añadirle el distintivo azul de verificado. Sin marca registrada no se puede obtener.
Sus siglas vienen del inglés Verified Mark Certificate, certificado de marca verificada. Y ahí está todo lo que hay que entender: lo que verifica es una marca, no un logotipo cualquiera.
Que el logotipo esté registrado como marca activa en una oficina oficial de propiedad industrial, y a nombre de la misma entidad que envía el correo. Registrada y vigente: un registro caducado no vale.
Y hay un requisito previo que se olvida siempre: tiene que ser un isotipo, un monograma o tu logo reducido — no el logotipo horizontal completo. El espacio donde aparece es un círculo pequeño junto al remitente, así que un logo alargado con el nombre al lado no cabe ni se lee.
Las oficinas que se aceptan son las de los principales países y regiones: la OEPM en España, la EUIPO para la Unión Europea, la USPTO en Estados Unidos, y las equivalentes de otros territorios.
El certificado no comprueba que uses ese logo, ni que sea bonito, ni que lleves años con él. Comprueba que hay un registro a tu nombre.
Es lo que más desconcierta a la gente, y conviene decirlo sin rodeos.
Puedes llevar quince años usando el mismo logotipo. Puede estar en tu web, en tus facturas, en tu tienda, en tus furgonetas. Si nunca lo registraste como marca, no puedes obtener un VMC.
La oficina de marcas no certifica el uso: certifica el registro. Y el certificado se limita a comprobar que ese registro existe.
Por eso, cuando alguien me dice que su logo lleva toda la vida y que eso debería bastar, la respuesta es que sí sirve — pero para el otro certificado. La antigüedad de uso es exactamente lo que valora el CMC.
Una empresa con marca registrada desde hace años rediseña su logotipo. Da por hecho que lo tiene todo resuelto, porque registro tiene.
Y resulta que el registro es del logo antiguo. El nuevo no está registrado, y tampoco lleva doce meses publicado. Se queda sin VMC y sin CMC a la vez.
Es el peor sitio donde estar, y llega justo a quien creía tenerlo más fácil. Las salidas son tres: registrar el logotipo nuevo, esperar a que cumpla los doce meses en la web, o volver a usar el antiguo si el registro sigue vigente.
Por eso lo primero que compruebo no es si hay marca registrada: es si la marca registrada es la del logo que quieres mostrar.
Una sola cosa, pero visible: el distintivo azul de verificado en Gmail.
Con VMC, tu logotipo aparece junto al remitente con una marca de comprobación azul al lado. Con el otro certificado el logo también se ve, pero sin ese distintivo.
Es la diferencia entre «este es su logo» y «este es su logo y además su marca está registrada». Para una empresa que compite con imitadores o con suplantadores, ese matiz vale dinero. Para muchas otras, no cambia gran cosa.
El VMC es el último paso del montaje, no el primero. Comprarlo antes de tener lo demás en su sitio es pagar por algo que no se puede usar.
p=none no vale.Con el certificado en la mano y el DMARC en p=none, tu logo no aparece en ningún sitio.
Es el documento que acredita que un logotipo está registrado como marca a nombre de quien envía el correo. Permite mostrar ese logo junto a los mensajes mediante BIMI y, en Gmail, con el distintivo azul de verificado.
No. El registro de marca es el requisito central del VMC: sin él no hay certificado. Para ese caso existe el CMC, que no exige registro y pide en su lugar demostrar doce meses de uso público del logotipo.
No cuenta. La antigüedad de uso no sustituye al registro: la oficina de marcas certifica el registro, no el uso. Esa antigüedad sí sirve, y mucho, para el certificado CMC.
En una oficina oficial de propiedad industrial: la OEPM en España, la EUIPO para la Unión Europea, la USPTO en Estados Unidos y las equivalentes de otros territorios. El registro debe estar a nombre de la misma entidad que envía el correo.
No directamente. Lo que aporta es identidad visible en la bandeja. Ahora bien, para poder usarlo hace falta tener la autenticación y DMARC en modo de aplicación, y eso sí influye en la entrega — pero es el requisito previo, no el certificado.
El certificado es el último paso y el más sencillo. Lo que suele faltar es lo de antes: la autenticación en orden y el DMARC donde tiene que estar.
Nuria Palomo, la Dra. Spam
Experta en entregabilidad de email y reputación de dominio desde 2019.